Los alumnos de Física ostentaron su conocimiento en la materia é hicieron diferentes experimentos, entre otros el de asfixiar en la máquina neumática á un gorrioncillo.

Entremesó la orquesta con la serenata de Schubert, que cantó Lezama, alardeando de aquella cristalina voz asexual con que Naturaleza le había compensado de otras deficiencias.

Luego, uno por uno, los recitadores fueron adelantándose al proscenio. Bertuco declamó una oda á la Estrella Polar, parto doloroso y frigidísimo del Padre Estich. Comenzaba:

Reluciente lucero que sobre el Polo

Estás inmóvil, triste, plateado y solo.

Á tu lumbre, en tormentas rudas y graves,

La proa hacia la ruta ponen las naves...

Se le congratuló con aplausos repetidos. Los niños murmuraban: «La escribió el Padre Estich», profundamente admirados, y el esquelético jesuíta, autor de los versos, sentía como si la satisfacción se le hiciese carne y cubriéndole los huesos le otorgara más espesor y corpulencia.

Á seguida, se pasó á la imposición de dignidades, ó sea jerarquías nominales con que se galardona la buena conducta. Duraban todo el curso, como el dignatario no incurriera en demasías, y consistían en entorchados y galones que se aplicaban á la bocamanga del uniforme.

Conejo, en pie, leía la proclamación: