—Tan vergonzoso es...
—No. Es que yo mismo lo ignoro.
—Imposible, Patón, imposible.
Entonces los niños desarrollan ante los espantados ojos de Urgoiti el repertorio de temas penales inventado por Mur, sus infinitas variantes y las innumerables infracciones leves á pretexto de las cuales sobrevenían.
El Padre Urgoiti quedó aterrado. Al salir de la clase corrió en busca de su amigo Ocaña.
—¿Sabes, Ocaña, lo que ocurre? El Padre Rector lo ignora, de seguro—. Y le traslada, ce por be, las noticias que de sus alumnos ha recibido.
—Conocía algo—le respondió el Padre Ocaña—, sospechaba más aún, pero nunca creí que llegase á tanto. Es indecoroso, no encuentro otra palabra.
—Fuerza es que nos resolvamos á hacer algo.
—¿El qué?
—Decírselo al Rector.