—Pues Salmerón dijo lo que nosotros pensábamos; por eso él y nosotros somos republicanos. Pero lo dijo de forma que sólo le podíamos entender algunos; por eso es filósofo. Yo también soy aprendiz filósofo. Tú eres un celebro vulgar.
—Me resigno. Ahora explícanos lo de las cuatro paredes.
—Eso es el ecuménico. ¿En dónde estamos? En una habitación. ¿Qué es esta habitación? Un cuadrado. ¿Y qué es este cuadrado? Un círculo: el Círculo republicano. La cuadratura del círculo. Por eso la república es el ecuménico.
—¡Bravo! ¡Bravo!—gritaron el sastre, el periodista y el mercero, desternillándose de risa.
Belarmino comenzó a exaltarse, ignorante ya de quienes le rodeaban.
—Nosotros estamos suscritos en este cuadrado.
—Por una cuota de dos pesetas mensuales—comentó el mercero.
—Somos círculos que estamos suscritos en un cuadrado.
—¡Ah! Inscritos—aclaró el periodista.
—Cada hombre es el centro de un círculo infinito, como dijo Pascual.