—¿Qué se le ocurría?

—¿El Director?

—Está mudándose de ropa.

—Deseo hablar con él.

—¿No lo puede usted dejar para mejor ocasión?

—No.

—¿Y si él no pudiera hoy hablar con usted?

—Podrá.

—¿Es usted un carabinero?

—Basta de payasadas, amigo, que ha terminado el espectáculo —y le tendió una moneda de cinco pesetas.