—Chico, yo no podía hacer otra cosa. No te apures, que yo sé el paradero de la niña, pero no puedo declararlo. Luego te me has venido á las manos, y en presencia de ese animal de don Ataulfo... El que guarda á la niña; sí, no abras la boca. Ya veo que sabes quién es. Pues bueno, se divertía mucho con el tole tole y las barbaridades que habían inventado, y no quería decir palabra. Pero en cuanto se entere que te han echado el guante, enviará á la propia Rosina, que está en Madrid, á que se presente en el Juzgado instructor. La niña supongo que esté á oscuras de lo que ocurre. Probablemente no sabrá ni leer, y él no la dice nada de seguro. Conque, Bertuco; una broma pesada, pero que ya sólo tiene unas horas de vida. Resignación. ¿Quieres un pitillo?


XIX

Oscurecido ya, Alberto ingresó en la fortaleza de Pilares. Era una noche lluviosa de invierno.

El alcaide, un hombre descolorido y fatigado, con chaquet de esterillas deshiladas y pantuflas de orillo, le recibió cortésmente. Le preguntó si deseaba celda especial, á lo cual Alberto respondió que quería estar como todos.

Los presos no habían sido retirados aún á sus apartijos. Era hora de recreación.

Alberto fué conducido á una sala angosta y alongada, penumbrosa. De un lado había ventanas con barrotes de hierro que daban á la calle de Adosinda, y en cada una de ellas encaramado un hombre como una araña en su tela, y hablaban á gritos hacia el exterior. La estancia estaba desguarnecida de muebles. Los reclusos hacían ruedas de conversación, encuclillados. Algunos canturreaban solitariamente apoyando la espalda en las paredes denegridas y tatuadas de prolijas inscripciones y dibujos. Un joven trajeado de limpio, en pie bajo una de las mortecinas bombillas, esforzábase en aprovechar la mezquina luz leyendo un libro.

Uno de los hombres encaramados en los barrotes, profirió un grito desgarrador, en falsete, al cual respondió otro grito semejante, femenino, á lo lejos.

—¡Eh, Ñeru! —amonestó el alcaide.

Un celador que estaba cerca aplicó dos zurriagazos en las nalgas del Ñeru.