—¿Es usted soltero ó viudo?

Mister Marshall asintió á lo de viudo.

—¿Tiene usted familia?

Mister Marshall levantó el dedo índice y el del corazón de la mano derecha, y dijo:

—Hijas.

—¿Casadas?

Mister Marshall asintió.

—¿Y cómo se le ocurre á usted vivir en un hotel, tan solo?...

Mister Marshall pegó los brazos á las costillas, abrió hacia los dos lados los antebrazos paralelamente á tierra, y comenzó á balancearse de cintura arriba como si remedase la andadura de los palmípedos. Á lo último, se acarició el rotundo vientre. Todo lo cual quería decir: primero, que no era fácil decidirse entre una y otra hija; segundo, que su verdadera hija, y aun su verdadero padre, ó mejor, su espíritu santo, era aquel vientre ó cupulino mecanismo que en la vida se le había descompuesto.

En concluyendo de fumar, Alberto colocó la pipa sobre la mesa, junto con la lata del tabaco inglés. Á seguida sacó un cigarro de Murias y lo encendió.