Se encaminaron al ascensor.

—Á eso del medio día espero una carta importantísima.

—Pues que se la envíen inmediatamente á mi casa. ¡Portero! —gritó—. Si viene alguna carta ó recado urgente para el señor Guzmán, lo envían en seguida á estas señas —le entregó una tarjeta.

—Y en esa carta probablemente me dirán que á prima tarde he de estar por necesidad en determinado lugar.

—Tiene usted el auto á su disposición.

—No hay modo de negarse.

—Claro que no.

En el pasillo alto se cruzaron con Marietta la camarera, una napolitana muy dengosa, insinuante é intempestiva. Cogió una punta del almidonado delantal, inclinó la cabeza con su corona ó toca de lino escarolado, abatió los párpados, y como si se hallase en trance violento de rechazar ó aplazar una solicitación amorosa, suspiró:

Bruta giornata!

Whisky and Apollinaris —dijo Bob por toda respuesta—. Al cuarenta y cinco. Subito.