Sobrevino Marietta con el whisky y el agua mineral.

—Bebe usted demasiado, Bob.

—Si bebiera demasiado no estaría como estoy. Bebo lo que me pide mi naturaleza. Nancy, ya ve usted, bebe más que yo...

—De todas suertes —añadió Alberto riendo—, bebe usted demasiado.

—Vaya, ¿no dice usted siempre que todo lo que es está bien, porque es?

—Moralmente, sí. Quiero decir que no se deben condenar ni juzgar los actos ajenos. Yo no le juzgo á usted, sino que intento moverle á pensar si acaso, por propio egoísmo, le convenga beber menos é intentar conseguirlo.

—Bravo whisky. No sé cómo no le gusta á usted el whisky.

—El brandy viejo, sí.

—También es bueno. Pediremos una copa.

—No bebo á estas horas. Ya estoy á su disposición.