—Siempre se anda metiendo conmigo...

—¿Es que —prosiguió Ben en la misma tensión exaltada— las muchachas sólo van á querer á los ricos... y á los guapos?

—Sí, hijo, que á ti te van á querer muchas...

La lívida cabeza de Ben pareció hundirse más en la caja torácica.

—¿Por qué no, Meg? —Alberto habló con tierna amargura, dando unas palmaditas en la huesuda mano de Ben, el cual estaba ahora como radiante.

Bob y Nancy comían y bebían copiosamente. Según avanzaba el almuerzo, las mejillas se les congestionaban poco á poco, y con los ojos se buscaban uno á otro y se deseaban.

Salieron todos á tomar café á un saloncito Luis XV. Había una botella de very old Brandy, para Alberto. Los dos esposos se entregaron al whisky. Intentaban hablar, mostrarse sociables, forzar la risa, pero la seriedad terrible de la concupiscencia podía más que ellos. Bob iba como fascinado á apechugar á Nancy, hacía resbalar la mano sobre sus brazos desnudos; la atraía hacia sí, y Nancy le rechazaba débilmente, no por pudor, antes por coquetería y refinamiento. Esta escena postmeridiana era la misma de siempre, y Alberto la había presenciado desde que los conocía, pero, delante de los niños, sentíase desasosegado y algo confuso. Como siempre, Bob y Nancy terminaron por salir de la estancia. Alberto respiró, á solas con Meg y Ben. Descendieron al invernadero y probaron el rifle. El jorobado no atinaba á dar en el blanco. En cambio, la niña acreditó raro tino. En haciendo varias punterías afortunadas, se cansó del juego.

—¡Bah! —exclamó, con mohín de desdén—. No tiene chiste. No sé cómo los hombres se divierten con esto...

Y se precipitó á tomar en sus brazos á Pussy, un gatito de Angora, color ceniza, que dormitaba sobre el asiento de un butacón. Le besó, le hizo arrumacos, le dijo ternezas, suspirando y poniendo los ojos en blanco, estremecida por todo el cuerpo. Estúvose un buen tiempo entregada á su pasión, hasta que el animal expresó algún cansancio y mal humor.

—Ingrato, infame; no te quiero. Que no te quiero, no. Ya puedes pedirme besitos, que se acabó todo.