—Ya está ahí Cachán. Voy á concluir de vestirme.
Alberto sonó el timbre. Apareció Manolo.
—¿Están ya mis maletas?
—Sí, señorito.
—Pues ve bajándolas. Oye; Sultán y Telémaco van conmigo.
—¿Telémaco? ¿Quién es Telémaco? —interrogó Jiménez, abriendo bufamente las pupilas.
—Mi gato.
—Ah, el minino. Pero, á estas horas andará á gatas.
—Es eunuco —advirtió Alberto.
—¡Poverino! —profirió Jiménez, con voz y gesto lacrimosos.