—Sí, señor.
—Están estas tardes tan hermosas...
—Sí, señor —repitió Fina.
Mármol quería saber adónde, pero sin preguntarlo.
—Y es muy entretenido ver á los soldados, y á la chiquillería.
—Nosotras no nos quedamos aquí.
Providencialmente acudió Pepito.
—¿Adónde vas, Fina?
—Al monte cerrado.
—Nosotros vamos contigo —clamaron á una, los cuatro chicos.