Jiménez enarcó los hombros.

—Está usted más loco que una cabra.

Cuando el gato estuvo alojado, hubo necesidad de atar el cesto con una cuerda; con tal fiereza se revolvía en su prisión.

—Andando. ¿Has metido en las maletas la mostaza Colman y la salsa Worcestershire?

—Sí, señorito.

Salieron á la calle. Alberto entró con Sultán en el coche. En el pescante iba Manolo con el cochero y las maletas; la cesta del gato sobre las piernas. Jiménez y Alberto se despidieron.

—¡Arrea! —gritó Alberto.

El coche comenzó á andar. Desde el balcón, Teresuca miraba á su ayuda de cámara con un mohín de tristeza en el hociquito.


IV