—Entonces, ¿por qué se ha enamorado usted de Fina, y no de mí?
Fina se adelanta á decir:
—Aún está á tiempo, tita Anastasia.
—Calla, zalamera.
El señor Robles había movido un escándalo mayúsculo en casa de don Medardo, mostrando singular empeño en informar á Leonor de que su marido era un ladrón y un gorrino, que había huído con un indecente plumero; esto es, con una dama galante. Á la tarde, comentando el suceso, tita Anastasia interroga:
—¿No cree usted, Alberto, que eso es una acción muy mala?
—Nada hay que sea una mala acción, tita Anastasia.
—¿Ni el robar?
—Ni el robar.
—¿Ni el matar?