PARTE TERCERA

LA TARDE

Οὐκ ἔστιν οὐδὲν κρεῖσσον ἢ φίλος σαφής.

Eurípides.

Non si può avere maggior né minore signoria, che quella di sé medesimo.

Leonardo da Vinci.


I

Una mañana de Septiembre. 1910. En Lugano.

Muy cerca de las once, Alberto abandonó su habitación. El jardín de la villa, tupido y voluptuoso, se embebía en la profusa luz del sol. La ventana de Meg, encuadrada por una enredadera de rosas, perfumaba el silencio con las ráfagas de una melancólica cantilena italiana que desde ella se desgajaban temblando en el aire quieto.