—¿No pueden venir á hacernos compañía el que toca y la que canta? —El gato topaba y se restregaba en las perneras de Alberto, el cual, en aquella ocasión estaba poseído de una ternura clarividente hacia todas las cosas. Gato, chigrero, mineros, muebles, toneles y, hasta los fenómenos físicos; la luz de los candiles, el lamento del acordeón, el olor á tierra y á rosas, todas las cosas se le presentaban como objetos de interés universal, amables y expresivos.
En esto Remedios, que tal era el nombre de la hija del chigrero, vino á sentarse al lado de Alberto. Era carillena, lechosa de color, pelo de caoba, muy encendida de labios, ojos negros y rubias las pestañas. Sugería el recuerdo de esas hembras pingües y fáciles que en las kermeses de Rubens dejan sin asombro sus senos ser estrujados bajo la mano venosa y cetrina de un flamenco beodo. Su falda era añil muy vivo, casi glorioso, semejante á los añiles de Fra Angélico, que siempre habían conmovido inefablemente á Alberto, y el abundoso vuelo caía rígido en innumerables y menudos pliegues. Tales fueron las imágenes que resbalaron por la memoria sensible de Alberto.
—Cantas muy bien, mocina. —Habló, por hablar algo.
—Calle por Dios, señor. ¿Quier burlase? —Sesgaba la cabeza á la derecha, de manera que la trenza contraria le caía desde el hombro al seno. De soslayo miraba á Alberto. Tenía la mano derecha vuelta graciosamente y apenas apoyada en el pecho del mismo lado. Erguíase su tronco con dignidad campesina, como la Mnemosyne de Lysipo.
—Y ¿quién tocaba el acordeón?
—Mal diaño ¿qué ye acordeón?
El padre, que alongado de ella, contemplaba orondamente á su hija, interpuso:
—Por lo fino dícese acordeón á la finarmólica. Sábeslo de sobra y no sé por qué te haces la fata —Estaba cruzado de brazos, con el gesto entre socarrón y hierático del escriba egipcio que hay en el Museo de Louvre. En el rostro, recamado de erisipela, revelaba gran orgullo genésico—. Ella misma toca la finarmólica, señorito.
—Pues no es floja habilidad. Venga de ahí.
Remedios dió aire al fuelle, y comenzó á tañer un monótono vals y á cantar: