—No, querido Bob, no se puede saber.

Se acordaba de los vaticinios de cierto crítico de teatros, el cual había asegurado que Alberto nunca sería un autor dramático, porque era un hombre incapaz de sentir ó comprender una pasión.

Alberto tenía un periódico alemán entre las manos. Huyendo la mirada interrogante de Bob, leyó lo primero que le cayó bajo los ojos. Decía: «Weissbach es el lugar favorito de todos aquellos que gustan de la soledad. Millares de personas amigas de la soledad acuden aquí constantemente desde las cuatro partes del mundo».

—Y ahora, ¿se puede saber de qué se ríe usted?

Alberto le pasó el periódico.

Sonaron los timbres, anunciando la hora del juego. Nutrido golpe de gente, de toda edad, nación y catadura, penetró en la gran sala y fué á poner cerco á la mesa verde. Resonaron las voces sacramentales:

Marquez vos jeux, messieurs.

À vos jeux.

Les jeux sont faits?

Rien ne va plus.