Todas piden las gracias peregrinas

de su empuje gustoso.

Ahora, viénele al Rey un ansia ardiente;

ésta acude, ¡oh, minuto deleitable!

Y luego todas, sucesivamente

durante el día entero. ¡Es admirable!

¿Qué concubina esquivará la furia

asidua de su gran virilidad?

En los Estados, siempre es la lujuria

fecunda ley de solidaridad.