á este jardín dilecto de mi reino infinito.—

Dice Dios. Por encima revuela la paloma.

Á su diestra está el hombre, según estaba escrito.

Y Francisco se asoma sobre el fresco recato

inmarcesible, en donde los bichejos están,

y en amor derretido les dice: —¡Hermano gato,

hermano gallo, hermana hormiga, hermano can!—

Y Dios. —Más gratamente resuena en mis oídos

el murmullo que puebla este dulce jardín

que flauta y lira y cánticos de ángeles y elegidos,