Josefina volvió el rostro hacia su padre, un poco asombrada. Don Medardo bebió un buche de agua de Vichy.

—Tengo que decirte algo que me parte el corazón —la piel de Josefina, morena, suave y mate, como de cera, empalideció—. Tus relaciones con Alberto han terminado para siempre.

Josefina, callada, quieta, impasible, aguardaba nuevas palabras. Don Medardo no atinaba á continuar hablando. Se interpuso Leonor:

—No le alarmes, papá quiere decir...

Y don Medardo, cogiendo la frase:

—Quiero decir que han terminado para siempre. ¿Lo oyes? —silencio— ¿Lo oyes?

—Sí, ¿qué más? —con voz apacible y tranquila.

—¿Eh? —inquirió don Medardo, entre estupefacto y desfallecido.

Y Josefina, en la misma pauta de serenidad:

—Si se ha muerto ó... se ha casado.