Una vieja asomó junto á Teresuca.
—¿Con quién hablabas ahora?
—Con Calígula.
—¿Qué es eso?
—El gato del señorito Alberto: le puso este nombre.
—Me parece que ese señorito está algo tocao del queso —Camila hacía como si se barrenase una sien con el dedo índice.
Un perro setter, de rojas lanas, comenzó á ladrar y saltar en el jardín de Alberto.
—¡Sultán, bonito! —gritó Teresuca.
Y Camila:
—Vamos, ese es nombre de cristiano.