—Sí, es Antonio Tejero, Antón Tejero le dicen, ¿no has oído hablar de él?
Teófilo tuteó a Verónica considerándola mujer de baja condición. La muchacha, atribuyéndolo a afectuosidad, viose colmada de tanto agradecimiento que no acertó a abrir los labios.
La voz de Alberto:
—Si no tiene usted mucha prisa deje usted el gabán en el perchero.
La voz de Antón:
—Sí, lo voy a dejar, porque pesa de una manera horrible. Figúrese, ¿sabe usted lo que es esto?
La voz de Alberto:
—Parecen dos salchichones.
La voz de Antón:
—Pues son dos paquetes de cien pesetas, en duros. Vengo de cobrar la nómina en la Universidad, y me han cargado, que quieras que no quieras, con doscientas pesetas en plata. Bueno; lo dejaremos en el perchero. Supongo que estará seguro, ¿eh?