—Son unas palabras de Goethe, que traducidas, dicen así: «Todos los días se debe por lo menos oír una pequeña canción, leer una buena poesía, ver un buen cuadro y, si fuera posible, decir algunas palabras razonables.»
—Para no perder el día, claro está.
—Según Goethe.
Teófilo se recogió a recordar:
—Pues yo no he perdido el día. Todo eso hice y algo más.
—Yo no hice nada de eso.
Teófilo se acercó al papelillo:
—Pues aún hay más aquí: «Día sin haber reído, día perdido» —Teófilo hizo por recordar de nuevo—. Si ello fuera verdad, que no lo es, he perdido el día, y aun semanas y meses...
—¿Qué era la pregunta que querías hacerme?
Teófilo refirió la aventura con el sastre, modificando por supuesto la cifra de pesetas, las cuales dijo haber recibido de un rico paisano suyo y admirador con quien por ventura había tropezado en la calle, y, por último, sus temores de que el ladino alfayate se quedara con el santo y la limosna.