—¡Ah! ¿Es usted, grande hombre? ¿Y conocía usted a Fernandito?

—Ya lo creo.

Algunas personas impusieron silencio chicheando.

—¿Quién es? —preguntó Teófilo.

—Un titiritero. Como yo he sido payaso una temporadilla y anduve en una compañía de saltimbanquis...

—Vaya, hombre. En serio.

—En serio. Este era el hércules de la pandilla. Solo sé que se llama Fernando y que tiene una fuerza brutal, aunque no lo parece.

Teófilo miraba a Alberto enojadamente. Terminó la primera parte del espectáculo, compuesta de números de mogollón.

—Ea, adiós —habló Teófilo, poniéndose en pie.

—¿Adónde vas?