—Ya veo que tenías razón; pero es que el tal gabinetito me es antipático.
—Anda, que si le oye a usted la señorita; está loca con él.
—¡Concha!... —gritó una voz tumultuosa, masculina, desde el interior de un aposento.
—¿Qué hay? —respondió Conchita.
—¿Quién está ahí? —preguntó la voz.
Y Conchita:
—Un amigo de la señorita.
Y la voz:
—¿Es el señor Menistro? —por el tono se comprendía que lo pronunciaba con letra mayúscula.
Y Conchita: