—Parece mentira que me conozcas tan mal. ¿Qué me importa a mí eso? Es una cosa muy honda, mucho más honda... Es que siempre he buscado algo que me satisficiese y no he dado con ello. Tu cariño le anda muy cerca, pero aún falta algo. No sé. Quizás es porque estoy rodeada de ficciones, hipocresías, bajezas y no logro habituarme. ¡Maldito dinero! ¿Por qué no tienes dinero? Yo quisiera vivir sola y retirada contigo y mi niña, contigo que me has querido como nadie me ha querido. Es necesario, es necesario, es necesario que yo sea de un solo hombre, que viva en paz —estrujaba con sus manos el rostro de Teófilo y hablaba ceñida a él, entreponiendo beso y palabra, palabra y beso—. Ese drama... ¿por qué no lo escribes si te ha de dar tanto dinero? No nos falta sino dinero. Si eres un hombre y es verdad que me quieres, busca dinero, róbalo aunque sea, Teófilo.

El poeta respondió arrebatadamente:

—Lo tendré, lo tendremos. Si es preciso lo robaré.

—Ruido de gente que viene. Ha debido de terminar la segunda parte.

—Entonces te dejo.

—Quédate.

—No, no. Es mejor que me vaya.

Se despidieron con un beso muy largo.

V

En las escaleras del escenario Teófilo tropezó con un golpe de gente enardecida y entusiasta, cuyo corifeo era Angelón. Conducían triunfalmente a Verónica.