—Ya, ya me he enterado...

—Digo que el Fraile motilón, que tiene más dinero que pesa, y que se lo juega con tanta frescura como Mármol, va al Liceo todas las noches. De manera que vamos a presenciar la lucha más descomunal e interesante que han visto los siglos.

—Pues, memoria a la familia del Obispo. Estoy muerta, Angelón, y necesito dormir.

—Hijita, yo no voy a casa todavía: que te acompañe Alberto.

—Yo también me voy a dormir, si usted me lo consiente —habló tímidamente Teófilo.

—Usted se viene conmigo, porque nadie sabe en dónde está la ropa blanca y no se puede hacer la cama hasta que yo vuelva.

—Eso no importa. Duermo vestido.

—¡No faltaba más! Usté se viene conmigo. ¿No ha estado usted aún en el Liceo?

—Todavía no.

—La golferancia en pleno de Madrid cae por allí todas las noches.