—¿El qué? —interrogó Angelón.
—Nada. Digo que el Obispo le ha ganado a Mármol todo lo que tenía. Solo le quedan dos mil pesetas.
—Bastante es para desquitarse. Tiene una suerte loca.
—Por mucha que tenga. ¿Qué se puede hacer con dos mil pesetas?
—¿Qué dice usted? ¿Usted sabe lo que son dos mil pesetas?
El rostro de Teófilo se empurpuró. Hubo de colocarse por un momento en su propio presente histórico; pero se desplazó a seguida que oyó decir a don Jovino:
—Hay una continuación.
—¿Qué quiere decir eso? —preguntó Teófilo.
—Que no talla ya más. Otro, si quiere, puede continuar tallando la misma baraja.
—Sí, sí; a buena hora. Después que esa bestia se lo ha llevado todo.