—Pues iré. Y eso que desconfío de Mazorral. Es tan pedante...

Travesedo se despidió de Teófilo y Alberto.

II

—¿Quieres que vayamos a dar una vuelta por el Prado, al sol, antes de meternos en esa catacumba del Ateneo? —rogó Teófilo.

—Sí, hombre. Hoy se apetece derretirse en el sol, no pensar, volatilizarse, ser una cosa gaseosa y tibia...

—No pensar... derretirse... Hoy y siempre.

—¿Te vas a poner trágico?

—Yo, ¿para qué? —Teófilo hizo una mueca grotesco-trágica que movió a risa a su compañero—. Sí, hombre, ríete. No sé si compadecerte o envidiarte; no comprendes nada del sentimiento.

—¿Quién te lo ha dicho? Pudiera ser que lo comprendiese, y algunas cosas más. Por ejemplo: entre bastidores los efectismos teatrales quedan destruidos.

—¡Bah!, resulta que yo estoy haciendo el papel del hombre cansado de la vida.