—¿Cómo viene vestido hoy?

—¿Cómo? Anda, pues de príncipe ruso. Ya conoce usté la mise en escène: pantalones con fondillos y sus flecos, calzao americano, que es la moda (quiero decir, calzao que proviene de las Américas del Rastro), y la chaqueta que puede pasar... que puede pasar al carro de la basura. Pues no le ha visto usté en calcetines.

—Claro que no. ¿Es que le has visto tú?

—Natural que le he visto. Pero ¿no le he dicho a usté que la señá Donisia le había sacao una bota?

—¡Qué bestia de mujer!

—Pues nada, que había que ver la tontería de calcetín.

—Bueno, basta Conchita. Parece que no te has enterado de que no me gusta oír hablar mal de Pajares.

—Si es que le tengo lástima.

—¿Lástima de qué? ¿De su pobreza? Eso le honra. Has de saber que es un hombre de gran talento; que podía ganar lo que quisiera escribiendo en los periódicos; pero como ocurre que su carácter noble y rebelde no le deja doblarse ante nadie... eso es todo. Además, que le tienen envidia...

Rosina exteriorizó con gran vehemencia sus opiniones; opiniones que había contraído directamente del propio Teófilo.