—Llaves, non, cuatro pares —sentenció Amparito—. La respuesta dice: «Una correspondencia de cariño es ahora dudosa; pero la perseverancia y atención te asegurarán el triunfo.»

—Esto debe ser cosa de brujería, porque no se explica que responda tan acorde —declaró Verónica con ojos resplandecientes.

—Pues aún falta otra cosa mu güena, pero que mu güena. Niña, busca ar finá der libro. Ahí te prenostican lo que vas a sé por er día y er mes en que has nasío.

—Yo nací el cinco de setiembre.

—Setiembre, Amparito. Busca er signo.

—Virgo —leyó Amparito, con voz candorosa.

El rostro de Verónica se encendió. Lolita, entre risotadas que no podía retener, comentó:

—Tamién es grasioso.

—La mujer nacida por este tiempo —leyó Amparito— será muy honrada, sincera, franca, muy aseada en su persona y de deseos ardientes, modesta en su conversación, afecta a los placeres matrimoniales y fiel a su marido; será también muy buena madre y muy mujer de su casa.

—No te quejará de tu suerte, condená. Pues si vieras la mía. Lee, Amparito, que la mía está en el escorpión. ¡Lagarto, lagarto!