—Y, sin embargo, es el mismo drama.

—Otro sofisma. Es como si colocas a veinte pintores alrededor de un modelo. Todos pintan lo mismo y cada cuadro es diferente, porque han sido diferentes los puntos de vista.

—No, porque el pintor se limita a pintar lo que ve y como lo ve. Otra cosa sería si el que pinta la figura de espaldas, por completarla, añadiera la misma figura de frente, imaginada o en caricatura. Para mí es evidente que todo autor dramático que merezca tal nombre, antes de ponerse a escribir una obra debe hacerse esta consideración: «Supongamos que mis personajes asisten como espectadores a la representación de la obra en la cual intervienen, ¿pondrían en conciencia su firma al pie de los respectivos papeles, como los testigos de un proceso de buena fe al pie de sus atestados?» Todo lo demás no es arte dramático, sino superchería, bambolla, bombas fecales, inmoralidad y estupidez.

—Siempre quedaría el drama poético— apuntó Teófilo, sin disimular cierta expresión de enojo y desdén.

—Cuando dije bombas fecales, querido Teófilo, aludía al drama poético a que tú te refieres. Y ahora vamos a tomar chocolate.

VII

El día del estreno de A cielo abierto, a las cuatro de la tarde, una dama elegante llegó a casa de Antonia. Doña Juanita, que aquel día andaba con los nervios en alta tensión y no podía estarse quieta en parte alguna, tan pronto como oyó la campanilla salió a abrir. Grande fue su sorpresa en oyendo que aquella dama preguntaba por su hijo.

—Está en el teatro, señora. Como hoy es el estreno... ¿Usted sabía?

—Sí, señora. Ya tengo mi localidad para esta noche.

—Cuánto le agradezco... Pero pase usted.