—Veinte —respondió la dueña.
Verónica no pudo menos de exclamar:
—Eso pal gato.
—Sí, veinte, veinte, veinte —afirmó Opulencia, subiendo la voz.
—¿Sabes contar? —preguntó Alberto.
—¿Contar qué?
—Contar números.
—No, pero tengo veinte.
—Bueno, a lo mío; dos duros te doy, ¿quieres desnudarte?
Opulencia consultaba con los ojos a la dueña. Decidiose con impulso repentino.