—No ha querido él. Se empeñó en venir a Madrid a escape.

Con infinitos cuidados y no poca dificultad trasladaron a Teófilo a la casa de huéspedes. Se telegrafió a doña Juanita y Travesedo salió a buscar a un médico joven y talentoso, amigo suyo.

El médico, después de examinar, auscultar y percutir a Teófilo, en un aparte que tuvo con Travesedo y Guzmán, declaró:

—No sé lo que tiene. El cuadro sintomático es dudoso. Lo mismo puede ser pulmonía que fiebre tifoidea. A la tarde volveré, a ver si se han especificado los síntomas.

—En todo caso, la enfermedad es grave —sugirió Travesedo.

—Muy grave. Otra cosa. Es necesario mudar a Pajares de habitación. La que tiene carece de condiciones de capacidad y de ventilación.

Recorrieron las diferentes estancias de la casa, hasta la de Lolita, quien estaba aún en el lecho, con San Antonio, rodeado de flores, en la mesa de noche, prueba concluyente de que el santo miraba a Lolita con singular predilección por aquellos días.

El médico eligió la habitación de Lolita como la más amplia y a propósito para el caso. Lolita, abnegadamente, se la cedió al poeta, con todos los muebles y ropas.

Verónica se instaló en casa de Antonia; no quería apartarse del enfermo, y este, de su parte, no admitía otra enfermera que Verónica.

Alberto inquirió cerca de Verónica los orígenes del mal.