—¿Es cierto lo que has dicho?

—Sí.

—¿Te has cansado de Fina?

—No.

—Entonces, ¿es cuestión de ideología?

—Desde luego, y otras cosas largas de explicar.

—Bueno, hombre; me haces gracia. En cambio yo te anuncio con toda solemnidad que me voy a casar. ¿Enarcas las cejas? Sí, hijo, sí. Me caso, y en seguida. Por amor y por ideología.

—¿Cuándo?

—No lo sé aún.

—¿Con quién?