—¿Suculento?
—Sí, suculento. Me lo comería de buena gana.
—¿Es una payasada?
—Es la verdad.
—¿Quieres que te lo fría Conchita?
—Quita allá. Tal como está.
Ríos sumió la mano en la pecera, pescó el pez y se lo llevó a la boca. Volviose hacia Teófilo y Rosina, con medio pez fuera de los labios, coleando. Hizo luego con el cuello un movimiento de ave que bebe y se engulló el pez. Por último, se dio unos golpecitos en el estómago y afirmó:
—Exquisito.
—¡Qué atrocidad! —comentó Teófilo, sonriendo.
—¡Qué bárbaro eres! —dictaminó Rosina—. Oye, te advierto que si quieres hacer sopa de tortuga dentro del buche también hay un galápago en casa; Sesostris, este es su nombre, puesto por Sabas, como puedes suponer; pero las razones las ignoro.