—La romanza es admirable. Nada hay tan penetrativo ni que tan hondamente remueva el alma como la música —sentenció el poeta.
Como poeta español que era, tenía por característica un sistema nervioso esencialmente refractario a la música. Nunca había sentido la música. Oyendo cantar ahora a Rosina había recibido insospechadas emociones, que no eran sino voluptuosidad sin satisfacer, evaporada en bruma de anhelo, y que él tomaba por puras emociones musicales. Encontrábase tan enorgullecido con el reciente don de sensibilidad que preguntó a don Sabas:
—Pero, ¿de veras no le ha conmovido la romanza?
—¿Qué quiere usted que le diga? A esta música dulzona italiana, y aun a la alemana, prefiero la española, porque es más instintiva, más sincera. El español no concibe la música sino como aderezo de la lujuria o a manera de desfogo físico y bramido carnal; por eso los músicos españoles no aciertan a componer nada que valga la pena, como no sean chotis, tangos y jotas. Chotis, tangos, jotas: esa es música, y buena música, música centrífuga, que le vacía a uno el cerebro a través de los miembros, derramándolo hacia afuera, en un prurito de danzas, de cabriolas y otros ejercicios más placenteros. Pero, la otra música, la centrípeta, cuya acción es a la inversa, de fuera adentro... Si corrieran tiempos de tiranía y yo fuera tirano, suprimía de un golpe, así, con un rasgo de la pluma, semejante clase de música. O mejor, y para mayor seguridad, suprimía la música en absoluto —y sonrió con afabilidad indiferente.
Rosina, vejada por la frialdad de don Sabas y sin haberle entendido, habló en tono algo áspero:
—En resolución, que para ti la música, como quien oye llover.
—Psss... Ojalá nunca aprendas, Pitusa, a oír llover.
—Oh, Sabas; a veces me atacas los nervios, porque no pareces una persona...
—Está por la primera vez que veo enfadada a la Pitusa. No he querido enojarte, Rosina, y ya te he dicho que tu voz es muy suave y bella. Harto sabes cuánto me gusta oírte cantar. Te pronostico grandes éxitos en el teatro.
—Allá veremos —contestó Rosina con mal simulada humildad.