Lo alto de la capilla es dorado con unas piñas de yeso pendientes, grandes, todas escarchadas de oro. Adórnase la capilla en las fiestas del Rosario con paños de damasco y terciopelo carmesí unas veces, otras con paños de damasco verde y terciopelo verde. Tiene tres lámparas de plata grandes, que por lo menos la una arde perpétuamente.

Todo esto ha hecho la cofradia del Rosario con la industria de los devotos y mayordomos. Los primeros domingos de cada mes se hace una procesion por el claustro, que para los que en ella se hallaren confrades (creo confesados) se les concede indulgencia plenaria. Sácase una imágen de bulto de Nuestra Señora, muy devota, que llevan diáconos. Sírvese de mucha cera de cirios que llevan los veinticuatro sin la demás para los demás confrades religiosos. Concurre mucha gente por la devocion grande que se tiene particularmente á la imágen puesta en el altar. El segundo domingo se hace procesion con el niño Jesús por la confadria de los Juramentos, fundada en nuestra casa, ni puede fundarse en otra parte, por concesion de los sumos pontífices, ó con licencia del provincial donde no hobiere convento de la Orden, de la imágen de Nuestra Señora puesta en el altar. Si no fuéramos descuidados hobiera muchos milagros escriptos que ha hecho.

Siendo yo prior deste convento pretendí, dándome los señores inquisidores licencia para ello, sacarlos á luz, haciendo las diligencias necesarias; empero, el provincial que á la sazon era, no sé por qué respeto lo impidió.

[CAPITULO XXVI]
DE LA CAPILLA DE LAS RELIQUIAS

Luego más abajo se sigue la capilla de las Reliquias; llámase así porque tiene un retablo con sus vidrieras tan grande como un guadamecí, lleno dellas, traídas de Roma. Trújolo el reverendísimo fray Francisco de Victoria, primer obispo de Tucumán, hijo de esta casa, varon docto; fuimos novicios juntos y condiscípulos en las Artes y Filosofía.

Esta capilla de las Reliquias es celebrada por la multitud que dellas hay, mayores y menores en cantidad, de famosísimos sanctos; hay entrellas un poquito del verdadero lignum crucis, donde Cristo murió, y un cabello de Nuestra Señora. El provincial que quiso mudar ó quitar la capilla de San Juan de Letran dió esta capilla á los ministros del Santo Oficio, con una carga pesadísima, que fuese el convento por sus cuerpos y sacerdotes los trujesen en hombros, como si fueran sacerdotes, cosa bien excusada, si se diera á los señores inquisidores y en ella se enterraran, pasara, pero darla á oficiales no se puede tolerar, y sin ninguna limosna. Y aunque entre ellos hay personas nobles, hay familiares que tienen oficios bajos, y á éstos enterrarlos, como vi á uno, como si fuera inquisidor, es igualar lo alto con lo bajo y la nobleza con los que no la tienen, y con todo esto, alguno destos familiares se entierran en otras partes y la capilla está sin marido, como las demás lo tienen, dotadas con muchas ventajas.

Luego se sigue la del glorioso San Jacinto, con retablo dorado y figura del sancto muy buena; la capilla bien adornada; hízose una solenísima fiesta el dia que en esta ciudad se celebró la canonizacion del santo, con admirable adorno de la iglesia y más del claustro, con un coloquio famosísimo de la vida de este santísimo hermano nuestro, con tanta riqueza que parecia incomparable, y con ser tanta, no se perdió ni un alfiler.

Aquí se ha juntado la imágen de San Raimundo, agora nuevamente canonizado por el mismo Clemente octavo, que canonizó á Jacinto, en cuya fiesta fué mucho más el ornato admirable del claustro y iglesia que en tres dias no se pudo impedir al pueblo que no viniese á verlo, y no se hartaban; tampoco faltó cosa de momento.

Debajo del coro al uno y otro lado hay dos capillas; al de la Epístola, una de los indios, con imágen de nuestra Señora, de bulto, y otra de los negros, asimismo con imágen de bulto, de la misma Señora, que, conforme á su posible, no estan mal aderezadas.

Los mulatos toman otra, que es por donde se sale al claustro; ésta es la menos adornada; será nuestro Señor servido se adorne á su servicio y de su santísima madre.