Quince leguas se ponen desde este valle á Acari, de despoblado, grandes arenales y sin agua, si no es en una pequeña quebradilla, muy angosta, á las siete leguas, de muy poca agua, gruesa y cenagosa. Es Acari buen valle y de las calidades de los demás; habia en él muchos indios; hanse consumido, como los de los otros valles y por las mismas causas.
Desde donde á Ariquipa (que dijimos ser casi sierra) hay catorce leguas de despoblado, sin agua y arenoso; luego se sigue el valle de Atico, estrecho y no tan abundante como los demás. Luego el de Ocaña, angosto, pero de buenas fructas y viñas y abundante de maíz. Los indios son pocos y se van disminuyendo.
[CAPITULO LXV]
DEL VALLE [DE] CAMANÁ
Síguese á éste, ocho leguas adelante, el valle de Camaná, de las mismas calidades de los pasados, donde se fundó un pueblo de españoles; su trato es vino, pasa, higo, de lo bueno deste reino; es abundante de pescado; el puerto es playa; pasa por él un rio grande que pocas veces se deja vadear. El año de 604, víspera de Santa Catalina mártir, lo destruyó casi todo un temblor de tierra. Desde aquí á Arica y aun hasta Chile, ya fenecieron los valles grandes y fértiles y se siguen vallecillos angostos y no de las calidades de los pasados; por eso haremos dellos poca memoria. Desde aquí nos comenzamos á meter la tierra adentro, caminando para la ciudad de Arequipa, distante dél veintidós leguas y más, en las cuales hay dos valles, uno llamado Ciguas, de muy buena agua y mejor vino; ya casi sin indios, por se haber consumido, como habemos de los demás referido. Cinco leguas adelante entramos en el valle llamado Víctor; éste es más ancho y donde los más de los vecinos de Arequipa tienen sus heredades; cogen mucho vino y muy bueno, que se lleva al Cuzco, 65 leguas, y á Potosí, más de 140, y se provee todo el Collao.
Esta ciudad fué los años pasados de mucha contractacion, hasta que don Francisco de Toledo, visorrey destos reinos, le quitó el puerto y lo pasó á Arica; digo mandó que todas las mercaderias que se desembarcaban en el puerto de Arequipa para Potosí se desembarcasen en el puerto de Arica, por lo cual la contractacion ha cesado, porque no llega allí navio, sino el que forzosamente va fletado para el puerto de aquella ciudad, con mercaderias para ella misma ó con algun balumen, hierro, jabon, aceite y otras cosas así llamadas, para el Cusco, de donde se lleva por tierra con carneros. Los navios surgen más de una legua en el mar, lejos de la Caleta, donde se embarcan y desembarcan, que dista de la ciudad diez y ocho leguas no de muy buen camino y faltísimo de agua, y es cosa de admiracion que con surgir tan en la mar, en aquel paraje nunca hay tormenta ni los navios han garrado, y aunque es así que en el tiempo del ivierno, que es en el de las garúas, anda la mar tan brava, que no se puede entrar ni salir de la Caleta, la mar donde el navio tiene echadas sus anclas no se alborota.
Despues de entrado el batel en la Caleta, la mar es llanísima, y es tan angosta que se recogen los marineros los remos de una parte y otra por que no se hagan pedazos con las peñas, hasta que se abre un poco más, y así llegan á tierra ó salen á lo ancho; pero en cualquier tiempo es peligroso entrar ó salir della si los marineros no bogan con mucha fuerza. Tiénese este cuidado en comenzando á entrar en lo peligroso: que viendo venir la ola de tumbo, antes que quiebre se dan mucha priesa á bogar, porque la ola no quiebre en el batel, porque si en él quiebra, lo aniega y se pierde sin remedio. Conocí en este puerto un hombre extranjero, residente en él, el cual tenia ya tanta experiencia y conocimiento cuándo se podía desembarcar y venir á tierra, que en surgiendo el navio levantaba una banderilla blanca, y si no, los marineros no venian hasta verla. Empero en cualquier tiempo, como sean aguas vivas, por tres dias antes y tres despues es muy peligroso desembarcar. Tiene este asiento poca agua; una fuentecilla hay en él, que para deshacer la piedra de los riñones es muy aprobada. Es combatido de muchos temblores de tierra, y lo que más admira, que la mar tambien tiembla.
[CAPITULO LXVI]
DE LA CIUDAD DE AREQUIPA
Volviendo á la ciudad de Arequipa, es del mejor temple deste reino, por estar fundada á la falda de la sierra, de buen cielo, aunque un poco seco; dentro del pueblo se dan muchas uvas, y todas las frutas nuestras, en particular peras no mayores que cermeñas; son malsanas; en conserva son buenas: El agua del rio es malsana por ser crudia; deciende de la tierra, y pasa por lugares salitrosos. Fundóse al pie de un volcan llamado de Arequipa, á cuya causa, y por ser la tierra cavernosa, es combatida por frecuentes terremotos, y tantos, que acaesce tres ó cuatro veces temblar al dia, otras tantas á la noche, unas veces con más violencia que otras. Los años pasados, gobernando don Francisco de Toledo, sucedió uno, y tal que arruinó toda la ciudad; á nuestro convento echó todo por el suelo, sin quedar celda donde se pudiese vivir, ni donde poder decir misa; las casas que no cayeron quedaron peores que si totalmente dieran consigo en el suelo. Hase tornado á edificar, aunque mal; es faltísimo de madera para edificios. Cuotidianamente la puesta del Sol es muy apacible por la diversidad de arreboles en los celajes á la parte del Poniente. Comiénzanse á plantar olivares, y son bonísimas las aceitunas; es abundante de pan, vino y carnes y demás mantenimientos, y todo de riego; llueve poco y no con mucha tempestad.
Los indios deste asiento, que son en cantidad, usan del trébol en lugar de estiércol, con lo cual los maices crecen y multiplican mucho; siémbranlo de propósito, y maduro lo cogen y entierran en la tierra que han de sembrar; fertilízala mucho, en lo cual nosotros no habemos advertido, y la razon lo dice: porque el trébol es calidísimo; y antes, aunque sus chácaras estercolaban con otras cosas, no eran tan fértiles; críanse gran cantidad de pájaros dañosísimos al trigo ya granado; el enemigo es muchos muchachos con voces y hondas ojearlos, y no aprovecha tanto como quisiéramos. Porque no haya cosa sin alguacil, si no fuera tan combatida de temblores hobiera crecido mucho. Sustenta cinco conventos: Santo Domingo, San Francisco, San Augustin, la Merced; los Teatinos, que aunque llegaron tarde, tienen el mejor puesto. Los vecinos viejos eran ricos; sus hijos son pobres, porque no siguen la prudencia de sus padres, y los nietos de los conquistadores y vecinos serán paupérrimos. El año de 604 otro temblor lo destruyó; el mismo que á Camaná.