[CAPITULO LXVII]
DEL PUERTO ARICA
Desde esta ciudad al puerto, ó por mejor decir playa de Arica, hay más de cuarenta leguas, en el camino de las cuales hay algunos valles angostos, donde se dan las cosas que en los demás, pero no en tanta abundancia, por ser estrechos; viven en ellos algunos españoles que allí tienen sus haciendas, donde como mejor pueden pasan su trabajo. La Playa de Arica es muy grande y muy conocida por un morro (así lo llaman los marineros) blanco, que desde muchas leguas en la mar se parece. Es blanco por respeto de los muchos pájaros que en él vienen á dormir, cuyo estiércol le ha vuelto tal. Es valle muy angosto, y de poca agua, y no muy buena. En la misma playa, junto al cerro, cuando es baja mar, y baja poco, se muestran dos ó tres manantiales de agua dulce y buena, y en creciendo la mar los cubre; han sido para poco los corregidores en no haber hecho cavar y limpiar un poco más arriba á donde la marea no llega: hobieran descubierto aquellas fuentes y tuviera el pueblo buen agua. Desta playa hizo don Francisco de Toledo, siendo Virrey, puerto (como arriba dijimos) para las mercaderias y azogue que va á Potosí; la ocasion que tuvo para quitar la contratacion de Arequipa y pasarla á Arica fué acrecentar los derechos á Su Majestad de las ganancias de los mercaderes, diciendo que, aunque ya los hobiesen pagado en Lima, porque las mercaderias las sacaban de un puerto á otro, habian de pagar los de las ganancias; hacia este reino tres: el de Los Reyes por todo el distrito de las apellaciones para el Audiencia: el de las Charcas por el suyo, y el de Quito por el suyo; y porque si en Arequipa, que es distrito de la Audiencia de Los Reyes, se desembarcaran las mercaderias de las ganancias, por ser dentro de un mismo reino, no se debian derechos (creo son dos y medio por ciento), pasó la contratación á Arica y puso allí Casa Real y oficiales. Los mercaderes fuéronse á la Audiencia de Los Reyes por via de agravio, trujeron pleito con el Rey; condenáronle por dos sentencias, declarando la Audiencia no deber derechos, teniendo por todo un reino y sólo de Quito á todo el distrito de los Charcas; sacaron los mercaderes su ejecutoria, notificáronla á los oficiales reales (y en ella como presidente firmó el Virrey don Francisco de Toledo), los cuales escriben al Virrey la notificacion, y que allí viene su firma si han de cobrar ó no; respondióles que cobre de las ganancias los derechos señalados, y que si allí firmó fué como presidente, que lo demás mandaba como gobernador, y así se ha quedado hasta hoy se cobran los derechos como se impusieron. Por esta razon se ha poblado aquesta playa y es frecuentada de navios que llevan allí las mercaderias y los azogues de Su Majestad para Potosí.
Reside allí el corregidor cuotidianamente y es necesario, porque en este pueblo (helo visto tres veces) viven de todas las naciones que sabemos; aquí hay griegos, frisones[25], flamencos, y ojalá no hobiese entre ellos algunos ingleses y alemanes, luteranos encubiertos, y siendo como es escala donde los navios que vienen de Chile paran, y los luteranos, que desde el año de 78 acá han entrado, que han sido tres piratas ingleses, han venido á reconocer y han surgido en él, ¿cómo dejan vivir allí tanto extranjero? hay más de 150 hombres, y no creo son los cuarenta meros españoles; esto ya es tratar de gobierno; cesemos, porque acá se recibe mal.
No se puede desembarcar en él sino es en una caletilla donde no pueden entrar ni salir dos bateles juntos, sino uno á uno, y es necesario saber la entrada por unos peñascos que á una y otra mano tiene, en los cuales asentándose los bateles fácilmente se trastornan. Los navios surgen más de tres cuartos de legua desta caletilla. Vemos en él una cosa admirable: que ningun navio puede llegar al surgidero, sino es de medio dia para abajo, hasta las cinco de la tarde, porque en todo tiempo la marea del aire comienza á las nueve de la mañana, y cuando son las cinco ya ha cesado. Puesta una atalaya sobre este morro, como ya la hay, descubre más de diez leguas de mar, por una parte y por otra, y antes que llegue cualquier vela al puerto, de más de seis leguas ya le ha descubierto, por lo cual de noche pueden dormir segurísimos que enemigo no entrará en él; hay en él cuatro ó cinco piezas gruesas de artillería muy buena, que alcanzan una legua y más, bastante para defender la entrada al enemigo. Tres leguas el valle arriba se dan muchas uvas y buen vino y frutas de las nuestras muy buenas. El trigo, maíz y harina se trae de fuera parte, y por esto sale caro. Al tiempo del verano es abundante de pescado, y bueno. Es muy enfermo; siempre hobo en él pocos indios; agora no creo hay seis.
[CAPITULO LXVIII]
DE LOS DEMÁS VALLES HASTA COPIAPÓ
Desde aquí se va prolongando la costa derecha al Sur, con algunos valles angostos, en ella, y despoblados, de quince y más leguas; el camino, arenales, y pasadas creo sesenta leguas, luego se entra en el valle de Atarapacá; éste solia ser muy buen repartimiento y rico de minas de plata, de donde se camina por un despoblado de ochenta leguas hasta Atacama, por el cual sin guia no se puede caminar. Los indios de Atacama han estado hasta agora medio de paz y medio de guerra; son muy belicosos, y no sufren los malos tratamientos que algunos hombres hacen á los de acá del Perú; no dan más tributo de lo que quieren y cuando quieren. Al tiempo que esto escribo dicen se ha domado un poco más. Es fama ver en su tierra minas de oro riquísimas, y á su encomendero, que es vecino de Los Charcas, Juan Velazquez Altamirano, á quien han tenido mucho amor, dos ó tres veces le han inviado á llamar para descubrirse; las más en llegando allá se arrepienten, y no se les puede apremiar; esto el mismo encomendero me lo dijo.
Desde aquí se entra luego en el gran despoblado de 120 leguas que hay de aquí á Copiapó, que es el primer repartimiento del reino de Chile; el camino es de arena no muy muerta, y en partes tierra tiesa; en este trecho de tierra hay algunas caletillas con poca agua salobre, donde se han recogido y huido algunos indios pescadores, pobres y casi desnudos; los vestidos son de pieles de lobos marinos, y en muchas partes desta costa beben sangre destos lobos á falta de agua; no alcanzan un grano de maíz, no lo tienen; su comida sola es pescado y marisco. Llaman á estos indios Camanchacas, porque los rostros y cueros de sus cuerpos se les han vuelto como una costra colorada, durísimos; dícen les previene de la sangre que beben de los lobos marinos, y por esta color son conocidísimos.
Volviendo al camino, unas veces es por la playa, otras á tres, cuatro y seis leguas y más la tierra adentro, á causa de los muchos peñascos que hay en la costa, á donde proveyó. Nuestro Señor, sus jornadas de seis y siete leguas y la que más de ocho, de vallecillos muy angostos, con agua no muy buena y leña delgada y alguna yerba; no es camino que sufre mucha compañia ni de hombres ni de caballos; camínanse estas 120 leguas de Atacama á Copiapó en veinte dias, dos más ó menos, si las nieves no lo impiden, porque en algunas partes se mete el camino hacia la cordillera, donde por Junio, Julio y Agosto suele nevar; el matalotaje de los caminantes es biscocho, queso y tocino; los indios de guia, que son dos, se pagan primero que se pongan en camino, doce pesos á cada uno; llevan galgos y porque no se les despeen, con sus zapatillas, con las cuales cazan venados y guanacos, y son tan diestros en esto, que como lo columbren es cierto le han de cazar; desta carne, que es buena, se sustentan.
Este camino pocas veces se anda, porque si no es algun desesperado ó fugitivo homiciano no se pone á tanto trabajo.
Caminando por aquí se llega á un rio que en la lengua de los indios se llama Anchallullac, que quiere decir rio gran mentiroso, porque verémosle correr particularmente á la tarde y parte de la noche, y si luego no se toma el agua necesaria y da de beber á los caballos, dende á poco rato no hay gota de agua, y no es rio pequeño.