[CAPITULO XCII]
DEL TAMBO DE CARACOLLO Y CAMINO POR LOS VALLES HASTA LA PLATA
De Calamarca al tambo de Caracollo, asaz frio y destemplado, se ponen cuatro jornadas, en medio de las cuales se fundó el pueblo llamado Sicasica; tiene este pueblo nombre por una fuente de agua que se le trujo bonísima, y por un espinillo que no crece un palmo, salubérrimo, tomando un sahumerio, para catarros, toses y apretamiento de pecho, y para otras enfermedades bebida el agua de su cocimiento, tanto que de España se pide como cosa preciada. De aquí á Caracollo son doce leguas: las siete á una ventilla, entorno de la cual solia andar un mestizo, famoso ladron de caballos y mulas; esta venta no tiene recado para poner las cabalgaduras en caballeriza; andan al campo al pasto; salia este mestizo de unas quebradas, recogia todos los caballos con dos ó tres indios que traía al tracto, y daba con ellos en Arica; allí las vendia por poco precio; cogióle la justicia, y preguntándole por qué siquiera no dejaba algunas, respondió: porque no fuesen tras mí; finalmente, pagó en la horca sus delitos.
De Caracollo, tomando el camino por la mano siniestra, quince leguas andadas, llegamos al valle de Tapacari y pueblo; en las ocho de las cuales, en medio de una cordillera muy fria, se hizo una ventilla con solas dos casas, que lo más del año no habita nadie en él por destemplanza del frio, y á dos leguas andadas comenzamos á bajar una cuesta no menos que de tres leguas, hasta que damos en el valle y pueblo sobredicho; ya esta tierra es más templada, aunque Tapacari, por estar al pie de la sierra, es más frio que los demás valles y pueblos; dase maíz y trigo, duraznos y membrillos en lugares abrigados; hay aquí un convento de los padres de San Augustin con título de priorato. Los padres que en él residen son dos ó tres. Los demás en otros pueblos.
De Tapacari hay dos jornadas al gran valle y ancho llamado Cochabamba, que quiere decir tanto como valle cenagoso, porque todo está lleno de ciénagas, si no son á las faldas de los cerros, que por la una parte son muy altos y nevados; en estas faldas se da mucho maíz y trigo y aun algunas parras, frutas de las nuestras todas, y árboles, y en medio dél hay algunos altozanillos donde se da lo mismo. Es este valle el sustento de Potosí, de trigo, maíz, tocinos, manteca; habrá 34 años se pobló un pueblo de españoles en él que va en mucho augmento, cuyos vecinos, algunos son ricos de plata, pero de ganados nuestros, casi todos. Hay en este valle dos repartimientos de indios y muy buenos. Aqui tenia su repartimiento el licenciado Polo, con una cría de famosos caballos caminadores y aun corredores; ya se ha perdido despues que murió; su hijo no tiene tanto cuidado como su padre. Es templado el valle, pero tiene una plaga irremediable, ya la hay desde Tapacari en toda esta provincia de Los Charcas, que desde Taquiri comienza y no cesa en todo Tucumán, y llega hasta los primeros pueblos de Chile, y es unas cucarachas llamadas acá hitas, tan grandes como las medianas de los navios de la mar del Norte, de aquella color, con alas; mas diferéncianse, que éstas tienen un agujon casi invisible con que pican, y tan delicadamente que no se siente, de noche despues de apagada la lumbre; empero dende á dos dias se levanta una roncha como una haba, con tanta comezon, que no se puede sufrir, hasta que una poquita de agua que allí se cria la echamos fuera, y luego se descansa; mas al que no tiene buena encarnadura se le hace una llaga que da pesadumbre; tienen miedo á la lumbre, mas apagada ó bajan por las paredes ó del techo se dejan caer á peso sobre el rostro ó cabeza del que duerme. Las que bajan, pican en las piernas; las que se dejan caer, en la cabeza y rostro. No pican á ninguna persona que de suyo sea melancólica, ó que tenga mal olor de cuerpo, ó pies, con ser ellas de muy mal olor; helo visto por experiencia; son torpes de pies por los tener largos y delgados, y llena la barriga con la sangre que han chupado, no pueden andar. Tambien se crian chinches pequeñas como las de España. Críanse en todos estos valles muchas víboras de las de cascabel, de que habemos tratado, y en los altos, con otras pequeñas como las de España, y otras que se abalanzan tanto como una lanza á picar; en las montañas y árboles se suben otras, y de allí se arrojan á picar á los caminantes; estas dicen ser áspides. Todas las picaduras destas víboras son irremediables si luego no se les acude con el remedio que ya dijimos y enseñamos; otro se me olvidó poner allí: cúrase con una raizilla de que hay abundancia en esta provincia, junto á la ciudad de La Plata; ésta es delgada como el dedo, negrilla, huele como higuera; dase en polvos poca cantidad, súdase con ella, y hase de tener dieta; llamámosla en estas partes contrayerba.
[CAPITULO XCIII]
DE LOS VALLES Y PUEBLOS DESDE CLIZA Á MISQUE
De Cochabamba á Pocona ponen quince leguas, en medio del cual cae el valle de Cliza, muy ancho, de más de cuatro leguas, y de largo más de ocho; vice aquí Eolo con todos los vientos (si nos es lícito hablar como los poetas), porque al verano son incomportables, por cuya razon el trigo deste valle es bonísimo y de lo mejor del mundo, y el maíz es lo mismo; no tiene agua, que si tuviera abundancia della era suficiente él sólo á dar trigo é maíz á Potosí, de donde dista más de cuatro leguas, y aun á todo el Collao.
El rio que sale de Cochabamba, y divide estos dos valles, no es provechoso para sacar acequias, porque corre casi al fin dél. Diré lo que hay por muy cierto, que sucedió en este rio á un soldado (así llamamos á los solteros que no tienen casa conocida): el pobre habia jugado y perdido lo poco que tenia en una chácara deste valle, é ya que anochecia, medio desesperado, tomó su camino para Cochabamba; llegando á este rio ya á media noche, hallóle de avenida; no tiene puente; no se atrevió á vadearle, y apeándose del caballo buscaba por donde pasar; no hallando, dijo: ¿No hobiera algun diablo que me pasara? No lo dijo á sordas, y Nuestro Señor, que le quiso castigar, arrebátanle y pásanle de la otra parte por medio del agua y tórnanle á pasar; desta manera lo llevaban y traian de una parte á otra, hasta que finalmente lo dejaron bien mojado de la otra parte del rio, donde halló su caballo. El miserable, medio muerto y no poco temeroso, tomó su caballo y siguió su camino hasta Cochabamba, una legua poco más, donde contó en una posada lo sucedido; otro dia confesó, y despues vivió pocos dias. Esto oí á personas que conocieron á este soldado, y lo nombraban; cuando lo oí no tenia intencion de escrebir esto y así no encomendé á la memoria el nombre. A la ribera de un arroyo que tiene este espacioso valle viven algunos españoles en sus chácaras, donde fuera de las sementeras tienen algunas viñuelas, más para uvas que para vino, con algunos árboles de los nuestros, membrillos, manzanas y duraznos. Cuando descubrimos el valle parece estar lleno de indios que lo labran, y son unos hormigueros tan altos casi como un estado. Críase en él mucho ganado ovejuno, muy sabroso por la yerba que nace en tierra salitral, y el agua es salobre.
No faltan aquí víboras de toda suerte, y en las casas muchas hitas. El temple del pueblo Pocona, siete leguas más adelante, es muy frio, por estar más alto. Hay en él 3.000 indios tributarios; doctrínanlos padres de San Francisco y es guardianato; son indios trasplantados deste valle de Jauja; trasplantólos el Inga; á los cuales llamamos mitimas; son indios muy ricos, así por los ganados como por la coca que sacan de tierra caliente, llamada los Andes de Pocona, y aunque es enferma, no tanto como los Andes del Cuzco. Es fértil de las sabandijas que dijimos haber en los demás Andes. Críanse allí osos muy grandes, que trastornan las mujeres, y ellas viéndoles, ninguna resistencia hacen; hay terribles tigres, y ha sucedido llegar un tigre á la casa donde dormian muchos indios, y de en medio dellos, si habia alguno no baptizado, llevárselo en las uñas sin hacer daño á los baptizados; esto no es fábula.
A ocho leguas de aquí entramos en el valle de Mizque, y antes de llegar á él pasamos por dos vallecillos pequeños, pero de muchos cedros finísimos, donde hay algunas chácaras de españoles; hay viñas en las cuales se coge bonísimo vino, y el agua donde se dan los cedros es tal; parece que no sufre el cedro regarse con agua gruesa.