Mizque es valle ancho, con dos rios, uno mayor que otro; el mayor lleva sábalos grandes y buenos; en él hay un pueblo de indios; es abundante este valle de viñas y vino muy bueno, y frutas de las nuestras y hortaliza; pero lo que mejor se da son cardos, que por no espantar los oidos de los que leyeren estos borrones, no quiero decir cuán grandes los he visto; es abundante de víboras como los demás, y de hormigas á los pies de las cepas, que les roen las raíces y luego se secan; el remedio es en el hormiguero echar agua hirviente; mátalas y salen arriba huyendo, donde á escobazos las matan.

Todos estos valles, con toda la provincia de los Charcas, tienen al cielo por contrario, por los grandes pedriscos que sobre ellos vienen y descargan; la causa natural es ser esta provincia llena de minerales, y como los vapores que dellos saca el Sol sean gruesos, fácilmente se convierten en pedriscos, y si alguno dellos es combatido, es este valle de Mizque, y á la viña que da, ó árbol frutal, en tres años no vuelve en sí. Tiene otra plaga, y es que se crian, así en los indios como en los españoles, papos, que acá llamamos cotos, en las gargantas; yo he visto hijos de españoles nacer con ellos; el remedio experimentado es atarse á la garganta una ó dos cabezas de víboras, y con esto se resuelven.

Conocí á un hombre llamado Simon Albertos, con uno muy grande; y sabiendo este remedio, se echó dos cabezas de víboras al cuello, y le vi sano, como si no hobiera tenido tal en toda su vida. Pues ¿no hay remedio para apocar las víboras? Sí hay, y son los puercos; éstos las apocan; pero en el tiempo de las aguas se crian muchas por la costelacion del cielo y por la humedad y fertilidad de la tierra. Es cosa de admiracion ver pelear un puerco con una víbora. En viéndola, eriza todas las cerdas del cerro; la víbora, en viéndole, levanta la cabeza cuanto naturalmente puede y estáse queda. El puerco rodéala hozando y guardando con la tierra el hocico, no le pique en él; si le pica, como un gamo vase al agua y pone el hocico en ella, hasta que se siente sano; vuelve con la misma velocidad á la batalla; la víbora no se aparta de su lugar; el puerco vásele llegando hozando, y cuando ve la suya, es prestísimo, con la una mano pónela encima de la cabeza de la víbora, y dando con ella en el suelo la aprieta tan fuertemente con la tierra que no la deja volver á picar, y con la boca hácela dos pedazos y luego se la come. He dicho esto para alivio del prudente lector.

[CAPITULO XCIV]
DE LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA

Desde este valle Misque se toma el camino, sobre mano izquierda, para la provincia de Sancta Cruz de la Sierra; esta provincia es abundante de maíz y en algunas partes de trigo; el temple de la ciudad es bueno; dista deste valle más de 120 leguas, en partes, de mal camino, falto de agua.

Para ir á esta ciudad se pasa por unas montañas donde viven indios Chiriguanas que comen carne humana, y algunas veces suelen salir hasta bien cerca del valle de Mizque, donde hacen el daño que pueden, y á los caminantes lo hacen saliéndoles de través, y si los cogen descuidados lo pasan mal los nuestros, como lo pasaron ha muchos años, que saliendo de la ciudad de Sancta Cruz la mujer del general Nuflo de Chaves, de quien luego tractaremos, salieron al camino y la quitaron á los soldados que con ellos venian, peleando. Mas viendo los soldados lo subcedido, se concertaron, como hombres nobles y valientes, de morir ó recobrarla, y siguiendo los enemigos los alcanzaron, y sin riesgo de las mujeres quitaron la presa y se volvieron su camino, sin que los indios se atreviesen más á pelear con ellos. Fué capitan Francisco de Montenegro, bien experto entre los Chiriguanas y dellos conocido; y algunos años despues, un buen hombre llamado Romaguera, viviendo en una chácara, no dos leguas apartado de Mizque, de noche dieron en su casa los Chiriguanas y le mataron y se llevaron mujer y dos ó tres hijas y mucho servicio, y hasta hoy, si no las han muerto, se las tienen allá.

Estos indios, aunque comen carne humana, no comen la de ningun español, porque los años pasados, comiendo uno, á todos los que lo comieron les dieron cámaras de sangre y murieron; los restantes, avisados del suceso, no la comen; pero al que toman vivo, para matarle usan de exquisitos tormentos.

Pasadas las montañas destos Chiriguanas, se siguen unos llanos muy grandes, donde hay gran cantidad de miel y mucho ganado nuestro vacuno, cimarron, muy gordo, que se multiplica allí de un poco que se quedó de un pueblo de españoles que hubo á la vera de un rio grande que llamaron de la Barranca. No se pudo sustentar; despobláronle, ó por la guerra continua con los indios comarcanos, llamados los Chiquitos, belicosos y de yerva, aunque no caribes, ó por la pobreza de la tierra; despoblando, no pudieron sacar todo el ganado sin que alguno se quedase, de lo cual se ha multiplicado mucho para proveimiento de los pasajeros, porque de gordo no puede correr, particularmente las terneras, que al primer apreton se quedan estacadas. Agora me dicen se ha tornado á poblar este sitio, que será freno para los Chiriguanas.

De aquí á Santa Cruz de la Sierra, todo ó lo más es despoblado y sin agua, si no son unos jagüeyes, á quien lo más del tiempo falta agua; es tierra llana, y ésta es la causa. Este pueblo pobló el general Nuflo de Chaves, hermano del padre nuestro fray Diego de Chaves, doctísimo, verdadero hijo de Sancto Domingo, varon integérrimo en todo género de virtud, primer confesor del Príncipe nuestro señor don Carlos y despues del Rey nuestro señor Filipe segundo, sin que jamás se le conociese amor á cosa terrena.