En el tiempo que gobernó fué amado de todo el reino por su mucha nobleza y afabilidad, si no fué de algunos pretensores por que no les daba de comer, no habiendo cosa vaca. Murió al fin de los cuatro años de su gobierno, teniendo ya nueva que el gobernador Castro venia y estaba en el reino por subcesor suyo. Su muerte fué de mucha lástima en toda la ciudad; murió de una apoplejia. No bebia vino, sino agua, y muy fria con nieve. Es así que el licenciado Alvaro de Torres, médico muy experto, estando comiendo, le dijo: Vuestra Excelencia no beba tanto y tan frio, porque si frecuenta esa bebida, dentro de pocos dias morirá de apoplejia y dejará á todo el reino muy lloroso; hizo burla dello, y murió en breve. Su hijo don Juan de Velasco se halló presente, y muerto su padre se vió en la ciudad de Los Reyes uno de los caballeros más pobres que se ha visto en el; salióle el prognóstico de don García verdadero.

[CAPITULO XXIV]
DEL GOBERNADOR CASTRO

Dende á pocos meses de la muerte del nobilísimo conde de Nieva, entró en la ciudad de Los Reyes, con título de gobernador, el licenciado Lope García de Castro, del Consejo de Indias, y aunque con título de gobernador, con todo el poder que traen los Visorreyes; hízosele el recibimiento que á los Visorreyes se suele hacer. Gobernó poco más de cinco años, con mucha paz y tranquilidad, y aunque en su tiempo hobo algunos rumores de motines, y no eran rumores, sino más, con todo eso los apaciguó sin derramar gota de sangre. Fué gran cristiano y afabilísimo, y muy amigo de hacer merced á los hijos, nietos y demás descendientes de los conquistadores, porque como vacase repartimiento destos tales, no lo habia de quitar á los hijos segundos, nietos ó tataranietos de los conquistadores, y así lo decia, como lo hizo con don Juan de Ribera, el viejo (hijo de Nicolás de Ribera), el cual muriendo, y por su muerte heredando el hijo mayor, Alonso de Ribera, que murió sin heredero, los indios de la encomienda dió á don Juan de Ribera, hijo segundo, mandándole se llamase don Juan de Ribera, y no de Avalos, como se llamaba, porque la memoria de su padre no pereciese, pues los indios no se los encomendaba por ser Avalos, sino por ser Ribera; y lo mismo tenia determinado hacer, y la cédula firmada, si muriera el capitan Diego de Agüero, el mozo, de una enfermedad de que estaba desafuciado, para dárselos al mayor de sus hijos, porque las dos vidas en él se concluian, en lo cual mostraba bien el ánimo suyo para con los conquistadores y sus descendientes. Tuvo algunos émulos en los pretensores, y no pudo satisfacerlos, porque en el tiempo que gobernó vacaron muy pocos repartimientos, y no vacando no tenia que encomendar, por lo cual para entretener, con acuerdo de la Audiencia y del ilustrísimo Arzobispo y prelados mayores de las Ordenes, instituyó corregidores en partidos de los indios, que por entonces pareció convenia; mas dende á poco tiempo se vieron grandes inconvenientes, y no tantos como agora; señalábales salario repartido por cabezas de los indios, para los que eran corregidores; no los sacaban de las tasas como agora se sacan. Por lo cual en nuestro convento de Los Reyes nos mandaron los prelados, á los que podiamos confesar, no confesásemos á corregidor, ni que lo hobiese sido, ni lo pretendiese; buscasen otros confesores; destos corregidores por ventura volveremos á tractar adelante, y no será muy tarde, cuando tractaremos del gobierno de don Francisco de Toledo.

En su tiempo despachó á un sobrino suyo, llamado Alvaro de Mendaña, caballero de 25 años, pocos más, de grandes esperanzas, nobilísimo y de muy buenas partes, con dos navios y muchos y muy buenos soldados antiguos y modernos, al descubrimiento de las islas de Salomón, con título de gobernador y capitan general, y por su maese de campo á Pedro de Ortega Valencia, hombre de mucho gobierno, á quien, si Alvaro de Mendaña faltase, le instituia en el mismo cargo; con próspero viaje, en breve tiempo caminando, ó por mejor decir navegando al Poniente, sin se apartar de la línea equinoctial más que á doce grados de la una y otra parte della, descubrió cantidad de islas, todas pobladas, y algunas muy grandes, y en particular una que, por descubrirla el maese de campo, natural de Guadalcanal, le puso el nombre de su patria. Esta es muy grande y pobladísima; la gente es morena, y alguna que come carne humana; bien dispuesta y valiente; usan arco y flecha, qu'es el arma más antigua del mundo, y dardos de palma arrojadizos, con los cuales fácilmente pasan una rodela; los que fueron eran pocos para poblar, y se habian de dividir, porque en un navio necesariamente habia de volver con la nueva y relacion de lo descubierto, y en él algunos de los soldados, y los que quedaban eran pocos para sustentarse; determinaron dar la vuelta al Perú, donde aportaron. Despues fué Alvaro de Mendaña á España, hizo relacion de lo que habia visto y descubierto; hízole merced Su Majestad del Adelantamiento dellas, y dióle cédulas y recados para que el Visorrey le diese lo necesario.

Vino con ellos á tiempo que gobernaba don Francisco de Toledo, el cual dilató el cumplimiento de las cédulas. Lo mismo hicieron sus sucesores, hasta que don García de Mendoza las cumplió, el cual, partiendo del puerto del Callao con dos navios y una fusta para correr la costa y reconocer los puertos, con su mujer y la gente que pudo juntar y le pareció bastante para su intento; el piloto que llevaban no era tan experto como el primero, erraron la derrota, aunque dieron en otras islas pobladas, creo mucho más adelante de las que descubrió primero, por lo cual, ó por no sé qué ocasion, su maese de campo, Fulano Merino, se le quiso amotinar con parte de los soldados, de quien hizo justicia, y de los más culpados. Pero dende á poco murió el pobre caballero, y su mujer, con parte de la gente, aportó á las islas de Manila, adonde se casó segunda vez con un hermano del gobernador de aquella isla, y dió la vuelta para este reino, y desta suerte se desbarató y perdió aquella jornada. Vi una carta en que decia les habia Nuestro Señor ofrecido muy buena y gran ocasion para que tuviera buen fin este viaje, pero no la supieron conocer, porque no llevaba capitanes expertos, y por eso la perdieron; algunos de los soldados que fueron, han vuelto pocos; no los he visto para informarme de lo sucedido; otros lo escribirán.

Un año antes ó poco más, en la ciudad del Cuzco so tractó una rebelion contra la Majestad Real, por un soldado llamado Fulano de Tordoya, emparentado en el Cuzco, el cual, no se atreviendo ponerla en ejecucion, se salió de la cibdad y con sus valedores, unos por una parte y otros por otra, en número más de 130 se fueron á una provincia llamada de los Chunchos, indios de guerra, adonde en alguna manera se hicieron fuertes, teniendo tractado con un Fulano Galvan, que residia en la provincia de Chucuito, valenton, que habia de ser maese de campo, que juntase los más soldados que pudiese en aquella provincia y otras comarcanas al Cuzco y avisase al Tordoya, con quien se comunicaba, de la gente que tenia persuadida á la rebelion, y entonces Tordoya con los suyos habia de salir, y juntándose con Galvan tiranizar la tierra.

Descubrióse este tracto y llegó la nueva[10] á la ciudad del Cuzco, de donde por la posta salió el capitan Sotelo, vecino de aquella ciudad, á dar favor á Diego de Galdo, corregidor que á la sazon era de la provincia de Chucuito, donde Galvan solicitaba traidores; el cual capitan Sotelo cuando llegó, ya el corregidor Diego de Galdo habia hecho cuartos á Galvan y puesto la cabeza en el rollo de Chucuito, y hecho justicia de algunos traidorcillos que halló culpados, á cuyo castigo salieron tambien el corregidor con los vecinos de la ciudad de Arequipa, que dista del pueblo de Chucuito cuarenta leguas, poco más. El capitan Sotelo tenia comision, desde el Cuzco para adelante, del gobernador Castro, hasta la provincia de Chucuito, para cognocer de semejantes delitos y castigar los culpados; mas como halló hecho el castigo, componiendo algunas cosas se volvió á su casa.