La herida fué en una pierna, tan subtil y pequeña como si le picaran con un alfiler; empero el dolor le fatigaba mucho, porque la flecha era de yerba. Al fin, visto que se iban consumiendo, con parecer de todos fué acordado dejar aquella mala tierra y buscar otra más cercana de cristianos. Tomado parecer de los pilotos, dijeron la más cercana ser la China; empero, que no tenian los navios aparejos para ir allá. En este mismo tiempo se determinó enviar la galeota á buscar el Almiranta, y que si no la hallase dentro de cuatro dias, se volviese. Partió la galeota y al parecer á quince leguas de la bahia hallaron cuatro ó cinco islas bajas, todas llenas de platanales y palmas muy grandes, y algunos buhios en que los negros tenian sus mujeres y hijos recogidos; llegóse la fragata á tierra y saltó la gente toda en ella; los negros, mostrando amistad, salieron con alguna comida y un tiburon asado en barbacoa; un soldado, entrando en un buhio, halló que en él habia mucha gente escondida, mujeres y niños; avisó al capitan, el cual pretendió hacer presa en ellos; empero los negros defendian sus hijos é mujeres, pero no pudieron tanto que no les tomasen diez ó doce muchachos y muchachas, con los cuales volvieron al puerto, no poco tristes por no hallar rastro de la Almiranta dentro del tiempo señalado; llegados á tierra, preguntando por la salud de los enfermos, supieron que muchos eran ya muertos y don Lorenzo estaba expirando del flechazo, del cual murió; antes que muriese pidió confesion; trújosele al vicario, que se habia recogido á la Capitana por miedo de la muerte, mas allí le salteó y así enfermo en una silla le trujeron para que confesase á don Lorenzo, á quien confesándose le dió un parasismo y otro al vicario, al cual sin habla llevaron á una casa donde se le hicieron algunos regalos con que volvió en sí; empero el capitan dió aquella tarde el ánima á Dios, el cual sepultado se dió órden que los pocos que quedaron vivos se embarcasen y fuesen en busca de las Filipinas, porque en tierra no se podian defender de los naturales; estuvieron siete dias embarcados, tomando agua y leña y los más plátanos y cocos que pudieron coger, y con este matalotaje y desgraciado subceso, por no haber poblado en las primeras islas que descubrieron, se hicieron á la vela en la Capitana, fragata y galeota, y dentro de pocos dias llegaron á las Filipinas, de donde algunos volvieron al Perú, de quien supe lo referido. Lo más que les subcedió no es de mi intento tractarlo.
[CAPITULO LX]
SOLA UNA DESGRACIA LE SUBCEDIÓ AL MARQUÉS
Habia sido el Marqués uno de los caballeros dichosos de nuestras edades, si todos estos buenos subcesos no se le aguaran con la muerte de la ilustrísima y cristianísima marquesa, que dejó enterrada en Cartagena, lo cual en estos reinos dolió mucho; empero, llevóla Nuestro Señor á gozar del cielo, donde tiene otro mejor y más perpétuo marquesado, y al Marqués con próspero viaje á España, sin borrasca, ni tormenta, ni cosa que les diese pena, la flota llena de plata, así de Su Majestad como suya y de particulares, donde Su Majestad le recibió muy alegremente haciéndole mucha merced, y le hará más, por sus méritos y partes y virtudes tan excelentes, cuantas en nuestros tiempos junctas no se hallan en un supuesto, ni en los pasados en muchos. Tiene bonísimo y galano entendimiento, como quien nació para mandar y gobernar. Con señores, es señor; con caballeros, es caballero; con capitanes, es capitan; con soldados, es soldado, y, finalmente, con todos estados se sabe acomodar muy bien; amigo de hacer bien á todos, y en particular de casar huérfanas; dió renta é hizo merced en nombre de Su Majestad al hospital de San Andrés, de los españoles, á quien dejamos dicho, su padre, de buena memoria, dió mucha limosna de su hacienda. Esto en breve, que es más recopilacion[37] de historia que historia, habemos dicho, dejando á los que son dotados de más facundia y mejor estilo que el nuestro para que sus libros se enriquezcan con las obras heroicas del Marqués, y esperamos que Su Majestad le hace mercedes muy copiosas[38].
[CAPITULO LXI]
DEL ILUSTRÍSIMO ARZOBISPO DE MÉXICO
Dentro de breve tiempo qu'el Marqués de Cañete entró en la cibdad de Los Reyes, vino á ella por órden de Su Majestad el ilustrísimo Arzobispo de México, á la sazon en la misma cibdad Inquisidor, el licenciado don...[39] de Bonilla, varon integérrimo en todo género de virtud, y no de pequeña penitencia y oracion, como su vida y ejemplo son bastantísimos testigos; de bonísimo y claro entendimiento, y de prudencia admirable; amado grandemente de todo el reino por su mucha virtud, y temido por la mucha rectitud que en su vida se conoce; amigo y favorecedor de los que administran justicia, y de los que son en contrario, que conciernan á su tribunal, con gran cordura castigador. Proveyóle Su Majestad, siendo fiscal de la Inquisicion en México, conociendo todas estas partes y calidades suyas, para que visitase la Real Audiencia desta ciudad de Los Reyes y para que tomase cuenta á los oficiales reales, á quien habia muchos años ni se visitaban ni tomaban cuentas, y asimismo á otros muchos, como al cabildo de la ciudad y escribanos; á quien Su Majestad, muy servido de lo que ha hecho y hace, le hizo merced de la Silla metropolitana de México, con esperanzas que á mayor dignidad le ha de sublimar. Ha hecho y hace su oficio con tanta rectitud y cristiandad cuanta se esperaba; ha condenado y privado á algunas personas, y ha sacado á luz muchas cosas tocantes á la Hacienda Real que estaban solapadas, y aunque á algunos les parece va muy despacio y desean verle fuera destos reinos, son hombres interesados y culpados en cosas que le están encomendadas; los demás no le querrian ver fuera del reino. Luego que Su Majestad le hizo merced del arzobispado, no quiso gozar más del salario de Visitador, contentándose con la renta del arzobispado, porque no es persona que tracta de riquezas temporales, sino de las eternas y del cielo. Este capítulo en breve me pareció engerir aquí como cosa importante y que pertenecia tractar della, por haber venido el ilustrísimo de México en estos tiempos á este reino con oficio en el cual ha servido mucho, mucho, á Dios Nuestro Señor y á su Rey, y esperamos les hará más servicios.
Como los hombres seamos mortales y nuestras vidas dependan de quien es la vida por esencia, fué Nuestro Señor servido llevársele para sí de una enfermedad que casi no fué conocida de los médicos; procedióle de que siendo quebrado y no viviendo con tanto recato de la quebradura, se rompió más de lo acostumbrado, y salieron las tripas, de suerte que no fué posible, con los remedios que se hicieron, volverlas á su lugar. Hizo su testamento, y está enterrado en nuestro convento de Los Reyes, adonde dejó cuatro mil pesos de limosna: hiciéronsele sus obsequias con la pompa requisita, con no poco dolor de todo el pueblo, y más del Virrey don Luis de Velasco, que en todas cosas le consultaba para el bien del reino; diósele sepultura en la capilla[40] principal, junto al altar mayor, en medio de otros dos Obispos que allí están enterrados.
Con lo hasta aquí tractado nos parece haber concluido con la brevedad posible dejando escriptos los caminos desde Quito á Talina, y lo demás digno de memoria subcedido en tiempo de los Virreyes que han gobernado los reinos del Perú, desde el marqués de Cañete, don Hurtado de Mendoza, de buena memoria, hasta don García de Mendoza, su hijo, subcesor en el marquesado; todo lo cual, á lo menos la mayor parte, habemos visto ó sabido por relaciones verdaderas, que es lo menos que en estos ringlones dejamos á esta escritura encomendado, porque no quedase anegado en el profundo del rio del olvido.
A don García de Mendoza subcedió don Luis de Velasco, caballero del hábito de Santiago, mudado del Virreinato de México al del Perú, cuyos hechos, virtudes y buen gobierno dejamos que lo traten otros, donde tendran bien que extender las alas de sus ingenios; y porque tambien habemos visto la gobernacion de Tucumán y de Chile, tractaremos con brevedad lo visto y sabido.