[5] Edgar Quinet: Mis vacaciones en España, publicado por la Colección Granada.

[6] Los reyes de España rara vez usaban otra firma que la antigua gótica rúbrica. Este monograma, a veces, es igual que un nudo rítmico. Los españoles se ejercitan con mucha maña en estos floreos, que colocan al pie de sus nombres como mayor señal de autenticidad, y se afirma que una rúbrica sin nombre vale más que un nombre sin rúbrica. Sancho Panza dice a Don Quijote que sólo su rúbrica vale no uno, sino trescientos burros. Los que no saben escribir rubrican. «No saber firmar» es considerado en España, en broma, como uno de los atributos de la grandeza.

[7] Cumplieron su promesa en las palabras, pero faltaron a lo que de ellos se esperaba.—N. del T.

[8] «Chacun fuit à le voir maître, chacun court à le voir mourir!»—Montaigne.

[9]

Con el aire de satisfacción,
que es propio del hombre que ha hecho una buena acción.

[10]

Las piernas del bandido echaron a una fosa.
El alma fué para el diablo, los huesos para los lobos.

[11] Cabeza incurable aun con el eléboro de tres Antíciras, Hor. (Antícira, ciudad de la Fócide, famosa por el eléboro, remedio contra la locura.)—N. del T.

[12] ¿Doctor, cree usted realmente—que debo tomar leche de burras?—Ella le curó a usted, es verdad—pero para usted era leche de madre.