—¡Ha del reducto!, gritaba la voz. Aquí viene el Doctor.

Y el Doctor era, no cabía dada. Yo sentía gusto, ciertamente en escuchar aquel acento amigo, pero mi alegría no era muy pura que digamos. Recordé, al punto, con gran bochorno, mi insubordinación y conducta furtiva, y al ver á qué extremo me había ella conducido, en qué compañía y de qué peligros me rodeaba, sentí vergüenza de ver al Doctor á la cara.

Él debió haberse levantado muy de madrugada, por que la luz no llegaba aún decididamente, y cuando yo hube corrido á una de las troneras para verle, le divisé allá abajo, de pie, y como á Silver el día de su misión, hundido hasta las rodillas en una niebla rastrera.

—¡Es Vd. Doctor! ¡Santos y buenos días tenga vuesa merced!, dijo Silver perfectamente despierto y armado de excelente humor en un momento. Vivo y madrugador, no cabe duda, pero ya sabemos aquí que, como lo dice el dicho “el pájaro madrugador es el que coge las raciones.” Jorge, muévete, muchacho, y ayuda al Doctor Livesey á saltar á bordo de este navío. Por aquí todo va bien, Doctor; todos sus enfermos van mejorando mucho y todos están contentos.

Hablando de esta suerte estaba allí, de pie en la cima de la loma, con su muleta bajo el brazo y con la otra mano apoyándose en una de las paredes de la casa. Su actitud, su acento, sus palabras, sus modales, ya eran, de nuevo, los del mismo John Silver que yo conociera en Brístol.

—Le tenemos preparada á Vd., por hoy, una pequeña sorpresa Señor Doctor, continuó. Tenemos aquí un extrañito. Un nuevo comensal y huésped, sí señor, tan listo y templado como un violín. Aquí ha dormido toda la noche, como un sobrecargo, al lado mismo del viejo John.

Á este tiempo, el Doctor Livesey había ya saltado la estacada y estaba muy cerca del cocinero, por lo cual pude observar muy bien la alteración de la voz en que preguntaba:

—¿Supongo que no será Jim?

—El mismo Jim en cuerpo y alma, sí señor, contestó Silver.

El Doctor se detuvo afuera, y aunque no respondió ya palabra alguna, pasaron algunos segundos antes de que pareciera poder moverse.