—¡Mal!—le repliqué.
—¿Qué te pasa?
—Alguien me ha desconceptuado en la opinión de una persona que estimo muy mucho...
—¿El Gobernador?
—¡No te hagas el tonto!
Encogióse de hombros, estuvo un momento callado, y luego murmuró:
—¡Mauricio! Temo que hagas desgraciadas á muchas personas y, lo que es más curioso, que no te conquistes con ello la felicidad... Si aludes á mí, y crees que yo me pongo en cualquiera de tus caminos para cerrarte el paso, te equivocas... Mauricio. Tú has nacido de pie, como decían nuestros abuelos. Yo no lucho contigo, ni abierta ni solapadamente, porque sería inútil. Tú no emprenderás nunca nada en que no estés seguro del éxito, é impulsado á ello por las circunstancias. ¡Oh, tú harás siempre lo que quieras!...
—¿Por qué?
—Ya te lo he dicho: Sencillamente, porque nunca querrás sino lo que esté al alcance de tu mano. Eres como un chico que va á la juguetería con el bolsillo lleno, sin proyecto alguno, sin más que un deseo vivo é indeterminado de «tener cosas», y que va tomando todo cuanto le gusta...