—¿Se ha enojado, María? ¡Mire! Y yo que le iba á pedir...
—¿Qué?
—Que nos casáramos... cuando usted quisiera.
—¿Dentro de un año?—preguntó, sonriendo como entre nublados.
—¿Dentro de un año? ¡Tanto! Pero si usted quiere... ¿Por qué dentro de un año?
—Porque... no tengo... con-fi-an-za... Mi amigo es muy veleta.
—¡Yo!
—Muy veleta y muy... ¡Ah, Mauricio! ¿quiere que volvamos á hablar de esto el año que viene? ¿Quiere? ¡Sea buenito!
—Pero María, usted duda de mí, usted piensa que yo...
—No, Mauricio—interrumpió.— Éstas son cuestiones más serias de lo que nosotros creemos. Ahora le diría «sí», pero quizás me arrepintiera más tarde. Dejemos que las cosas lleguen á su punto. ¿Qué importa esperar, si luego no hay que discutir?...