—Ayer, incidentalmente, habló papá de que está usted muy religioso, ¿es cierto?

—No tengo por qué ocultarlo: he vuelto al seno de la Iglesia, como dicen los sacerdotes, María—contesté en tono de broma.

—¿No se enojará si le hago algunas preguntas, que han de parecerle indiscretas?

—¡Qué esperanza!

—Dígame, pues: ¿Usted cree, de veras, en todo lo que enseña la religión?

—Sí, creo—dije tanto más resueltamente cuanto que no quería dejarle ver mi vacilación.—¿Por qué me lo pregunta?

—Porque me parece bastante extraño. Muchas veces le he oído hablar con incredulidad y hasta con burla de más de un misterio, de más de un dogma.

—Extravíos de la juventud... Las malas lecturas... Uno vuelve siembre á sus primeras creencias, á lo que le enseñó la madre, cuando niño...

—¡Ah!