—¿Has conseguido?
—Sí, y no.
—¿Cómo?
—Dentro de dos días los tendrás. Imposible andar más ligero ni aun tratándose de Bancos. Ven á verme el jueves; no; el miércoles por la tarde: haré que las cosas anden lo más rápidamente posible.
—Si no los tengo hoy, pueden perderme... Es un asunto de honor. Si llego á los tribunales ó á la prensa, aunque mi nombre quede á salvo, mi porvenir se va al demonio...
—Tranquilízate. En nuestra tierra no se hila tan delgado. Muchos han salido triunfantes de situaciones más difíciles y escabrosas.
—¡Ah, Mauricio! ¡Quiera Dios! ¡En fin! de todos mis amigos y de todos los que me deben servicios, tú eres el único á quien no he acudido en vano...
Ya en el hall, y cuando comenzaba á bajar la escalera, le dije:
—Pues, para abreviar tu espectativa, yo mismo iré á buscarte el miércoles, llevándote eso...
—¿Seguro?