La casa era un galpón grande con techo de fierro, y al fondo tenía un cuartito que me pareció el dormitorio de doña Carolina. Afuera, á unas diez varas y como cuadrando la especie de patio de tierra pisoteada, que quedaba entre la ramada y el palenque, había otro galpón más chico, pelado, sin otra cosa que un fogón en el medio, hecho con una llanta de carro, y lleno de ceniza: no había cama, ni en qué sentarse, pero era la comodidad de los forasteros que se quedaban á dormir en el negocio. Eso no es nada para cualquier hombre de campo, que arma cama con el recado; pero yo, sin más que lo puesto, ni una pilcha para abrigo, lo iba á pasar muy mal si no llegaban á tiempo los de Torres...
Me llamó muchísimo la atención no ver á nadie más que á doña Carolina, ni en las casas, ni en el galpón, ni por ahí cerca. Los animales que andaban en un pastizal medio alambrado, eran cinco ó seis guachitos y un overo rosado que, por la pinta, debía ser viejón y manso y de la silla de doña Carolina.
Afuera de la ramada había colgado un cuarto de carne, y una nube de moscas revoloteaban al rededor, mientras que otras, paradas, estaban acresándolo. Pero de balde miré á todos lados á ver si había gente: no vi á nadie.
—¿Cómo puede vivir esta pobre mujer, en tanta soledad?—pensé.—Los perros no bastan para cuidarla, porque cualquier malevo los achura, y después á ella, y le roba hasta la última hilacha... ¡Se necesita ser guapa!... Sólo que la gente haya ido al pueblo...
Ya me empezaba á interesar la gringa, así es que me volví á las casas y le pregunté:
—Perdone, misia Carolina; pero ¿usted está sola aquí, en esta casa?
—Sí,—me contestó—no somos más que yo, y un viejito que está ahí, en el bajo del arroyo, cuidando los chanchos. Es el que me ayuda un poco.
—¡Caramba, señora! ¿Y no tiene miedo de vivir tan retirada del pueblo, en esta soledad? Porque el viejo poco ha de servir para compañía...
—¡Así es, el pobre ya está muy viejo!... Y aunque yo tengo una escopeta, y soy capaz de usarla, á veces me da miedo... Por eso pensaba tomar alguno para que me acompañara y me ayudara á despachar... ¡pero, qué quiere!...